Esta noche juega España. Pero, antes de que empiece el partido, merece la pena recordar cómo la tecnología ha cambiado para siempre nuestra forma de vivir el fútbol.
Hay recuerdos que permanecen intactos aunque pasen los años.
No importa cuántos Mundiales hayas visto ni la edad que tengas. Basta con escuchar una pregunta muy concreta para que la memoria haga su trabajo y te transporte, casi sin darte cuenta, a un lugar y a un instante que parecían olvidados.
¿Dónde viste el gol de Iniesta?
Es curioso. Muy pocas personas recuerdan la alineación completa de aquella final. Algunas incluso dudan del minuto exacto en el que llegó el gol. Sin embargo, casi todo el mundo recuerda dónde estaba, con quién lo celebró o a quién abrazó cuando Andrés Iniesta marcó el tanto que cambió para siempre la historia del fútbol español.
Porque los Mundiales tienen algo especial.
No solo se juegan sobre el césped.
También se juegan en nuestra memoria.
Cada generación guarda el suyo como si fuera una fotografía que nunca pierde el color.
Cuando el fútbol se veía de otra manera
Para quienes vivieron el Mundial de España en 1982, hablar de fútbol es hablar inevitablemente de Naranjito. Aquella simpática mascota de camiseta roja y balón bajo el brazo terminó convirtiéndose en un símbolo de toda una época y, probablemente, en una de las mascotas más recordadas de la historia de los Mundiales.
Pero aquel verano era muy distinto al que estamos viviendo hoy.
No existían los teléfonos móviles, Internet formaba parte únicamente del mundo académico y nadie imaginaba que algún día podríamos ver un partido desde un reloj, una tableta o el asiento de un avión.
Las familias se reunían frente a un único televisor. Quien llegaba tarde se perdía el comienzo del encuentro y, si quería volver a ver un gol, debía esperar al resumen deportivo de la noche o a que alguna cadena decidiera repetir la jugada días después.
Precisamente por eso, muchas imágenes quedaron grabadas para siempre en la memoria colectiva.
Una de ellas fue el inolvidable partido entre Italia y Brasil. Aquel día, Paolo Rossi firmó un hat-trick que eliminó a una de las selecciones más admiradas de todos los tiempos, la de Zico, Sócrates, Falcão y Júnior. Muchos aficionados siguen considerando aquel encuentro como uno de los mejores partidos que ha dado un Mundial.
Pocos días después llegó otra escena imposible de olvidar. En la final disputada en el Santiago Bernabéu, Marco Tardelli marcó el segundo gol de Italia frente a Alemania y recorrió el campo gritando con los brazos abiertos en una celebración tan espontánea que terminó convirtiéndose en una de las imágenes más icónicas de la historia del deporte.
Lo más curioso es que aquellas jugadas apenas pudieron verse unas pocas veces.
No había vídeos cortos, ni redes sociales, ni plataformas donde reproducir el gol una y otra vez.
Los recuerdos viajaban mucho más despacio.
Y quizá por eso permanecían durante más tiempo en nuestra memoria.
El verano en el que España tocó el cielo
Hay momentos que no necesitan explicación.
Basta con pronunciar una fecha para que millones de personas sepan exactamente de qué estamos hablando.
11 de julio de 2010.
Aquella noche, España disputaba la final del Mundial de Sudáfrica frente a Países Bajos. Era mucho más que un partido. Era una oportunidad histórica para una generación de futbolistas que ya había enamorado al mundo con su forma de entender el fútbol.
Casillas levantaba un muro en la portería. Puyol transmitía carácter. Xavi dirigía cada jugada con una naturalidad casi imposible. Xabi Alonso y Busquets daban equilibrio al equipo. David Villa había firmado un campeonato extraordinario y Andrés Iniesta estaba a punto de escribir una de las páginas más emocionantes del deporte español.
Cuando llegó el minuto 116, el tiempo pareció detenerse.
El control.
El disparo.
El balón entrando junto al poste.
Y un país entero explotando de alegría.
Aquel gol no solo dio a España su primera estrella. También dejó una imagen que, dieciséis años después, sigue emocionando a quienes la vivieron. No importa cuántas veces la hayamos visto. Sigue produciendo exactamente la misma sensación.
Lo verdaderamente especial es que aquel Mundial ya empezaba a parecerse al que vivimos hoy.
Las redes sociales daban sus primeros pasos. Los teléfonos inteligentes comenzaban a popularizarse y miles de personas comentaban el partido en tiempo real desde lugares muy diferentes.
Era el comienzo de una nueva forma de compartir el fútbol.
Esta noche vuelve a rodar el balón
Hoy España vuelve a disputar un partido decisivo.
Habrá quien lo vea desde el salón de casa, rodeado de amigos o de la familia. Otros lo seguirán desde un bar, en una terraza o durante las fiestas del pueblo. Algunos estarán trabajando y mirarán el marcador de reojo en el móvil. También habrá quien lo vea desde un aeropuerto, una estación o incluso desde otro país, a miles de kilómetros de distancia.
Cada uno vivirá el partido de una manera distinta.
Sin embargo, cuando llegue un gol, la reacción será prácticamente la misma.
Habrá un segundo de silencio.
Después un grito.
Un abrazo.
Una llamada.
Un mensaje que diga simplemente: «¡Gol!»
La tecnología ha cambiado por completo nuestra forma de seguir un Mundial.
Hoy podemos repetir una jugada al instante, comentar cada decisión del árbitro con personas que están al otro lado del planeta y compartir la emoción en cuestión de segundos.
Pero hay algo que permanece exactamente igual.
Ese cosquilleo antes del pitido inicial.
Ese nudo en el estómago cuando el balón se acerca al área.
Ese instante en el que millones de personas contienen la respiración al mismo tiempo.
Porque los Mundiales cambian.
Las generaciones cambian.
También cambian los televisores, los teléfonos y las pantallas desde las que seguimos cada partido.
Lo que nunca cambia es la emoción de vivir un gol junto a quienes queremos.
El partido invisible
Mientras esta noche todas las miradas estarán puestas sobre el césped, habrá otro partido desarrollándose al mismo tiempo.
Un partido del que apenas se habla y que, sin embargo, resulta imprescindible para que millones de personas puedan vivir exactamente el mismo instante.
Es un partido que no juegan delanteros ni porteros.
Lo disputan kilómetros de fibra óptica, cables submarinos, centros de datos, satélites, antenas y redes de telecomunicaciones que trabajan de forma silenciosa para que una imagen recorra medio planeta en apenas unos segundos.
Es una historia fascinante.
Y merece ser contada.
La descubriremos en la segunda parte de este especial del #WiFiBlog.
Mientras tanto, disfruta del partido.
Porque dentro de unos años quizá no recuerdes el resultado exacto, pero sí recordarás perfectamente con quién lo viviste.
#WiFiCanarias
